Volver al blog
Cuando la ley cambia más rápido que el manual de prevención
Compliance

Cuando la ley cambia más rápido que el manual de prevención

El perímetro de sujetos obligados se amplió tres veces en tres años. Cómo mantener vivo un programa de prevención sin rehacerlo cada vez que cambia la ley.

5 min de lectura 12 de septiembre de 2026
Compartir:

"En los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos."

Heráclito de Éfeso

Un oficial de cumplimiento que hubiera diseñado su programa de prevención en 2022 y lo hubiera dejado funcionando sin tocarlo tendría hoy un documento que describe un país que ya no existe. En enero de 2023 la Ley Fintec sumó al perímetro a los inscritos en el Registro de Prestadores de Servicios Financieros y en el de Proveedores de Servicios de Iniciación de Pagos. En mayo del mismo año la Ley Antinarcos incorporó de una sola vez a las automotoras y comercializadoras de vehículos, las empresas de arriendo, quienes fabrican o venden armas, los clubes de tiro, caza y pesca, los comerciantes de equinos de raza pura, los de metales preciosos y los de joyas y piedras preciosas. En junio de 2025 la Circular N°62 sistematizó y reemplazó más de veinte circulares previas. Y en agosto de este año la Cámara despachó al Senado la incorporación de los delitos contra la propiedad industrial al catálogo de precedentes del lavado.

Cuatro movimientos de fondo en poco más de tres años. La pregunta que queremos explorar acá no es cuáles son, porque de eso hemos escrito en otros artículos, sino una bastante menos frecuentada. Cómo se construye un programa de prevención capaz de envejecer bien.

El manual que nadie lee

Existe un hallazgo incómodo que la propia experiencia de fiscalización en Chile ha puesto sobre la mesa, y es que la falta más repetida en los procesos sancionatorios no es una sofisticada omisión de reporte sino algo mucho más doméstico. La ausencia del manual antilavado, o el manejo de versiones desactualizadas.

Vale la pena detenerse en eso, porque desnuda una manera de entender el cumplimiento que sigue siendo común. El manual como objeto ceremonial, redactado una vez con esmero, aprobado por el directorio, archivado en una carpeta compartida y consultado únicamente cuando alguien avisa que viene una supervisión. Un documento que existe para ser mostrado y no para ser usado, y que por lo mismo se desactualiza sin que nadie lo note, porque quien no usa una herramienta tampoco advierte cuando dejó de servir.

La asimetría de la supervisión alimenta esa costumbre. Con más de nueve mil novecientas personas naturales y jurídicas inscritas en el Registro de Entidades Reportantes y una capacidad de fiscalización que se cuenta en centenares de acciones al año, la probabilidad estadística de ser supervisado en un ejercicio determinado es baja. Es una aritmética que invita a la displicencia, y es exactamente la aritmética equivocada, porque la supervisión basada en riesgo no reparte sus visitas al azar sino que las dirige hacia donde los indicadores sugieren problemas.

Tres hábitos que sostienen un programa vivo

Lo que distingue a un programa que envejece bien de uno que se fosiliza no es el tamaño del equipo ni el presupuesto, sino tres hábitos bastante modestos que conviene instalar como rutina.

El primero es asignarle dueño y periodicidad a la vigilancia normativa. Alguien, con nombre y apellido, debe tener en su descripción de funciones la tarea de revisar trimestralmente qué cambió en la Ley 19.913, en las circulares de la UAF, en la normativa del regulador sectorial que corresponda y en los proyectos con urgencia en el Congreso. No es una tarea de abogados sino de lectura sistemática, y su ausencia explica la mayoría de los desfases.

El segundo es tratar la matriz de riesgos como un documento de trabajo y no como un anexo. Cada vez que el catálogo de delitos base se amplía, que aparece un tipo de cliente nuevo o que la empresa entra a un canal distinto, la matriz debería moverse. Si lleva dos años idéntica en una empresa que sí cambió durante esos dos años, el problema no es la matriz sino lo que revela sobre cómo se la usa.

El tercero es exigirle trazabilidad a todo lo que se hace. Una revisión de cliente que no queda registrada, con fecha, responsable y resultado, tiene el mismo valor probatorio que no haberla hecho. Y como la supervisión moderna evalúa efectividad y no declaraciones, la capacidad de demostrar la operación cotidiana pasa a ser tan importante como la operación misma.

Un ejercicio simple para medir si su programa está vivo. Tome el manual vigente y busque en él los rubros incorporados en 2023 y las obligaciones de la Circular N°62. Si no aparecen, o aparecen como un anexo pegado al final sin integrarse al cuerpo de las políticas, el documento describe una empresa anterior a la actual.

El río de Heráclito

El filósofo de Éfeso observó que nadie entra dos veces al mismo río, y agregó una precisión que suele olvidarse cuando se cita la frase, según la cual tampoco somos los mismos quienes entramos. El cumplimiento normativo funciona igual. Cambia la ley, cambia el catálogo, cambian los sujetos obligados, y cambia también la empresa, que en tres años incorporó clientes nuevos, abrió canales digitales y probablemente rotó a la mitad de su equipo.

Un programa de prevención que supone que nada de eso ocurrió no está mal escrito. Está describiendo un río que ya pasó. La buena noticia es que mantenerlo al día cuesta mucho menos que rehacerlo cada vez que alguien descubre, con la supervisión encima, cuánto se movió el agua.


Neitcom mantiene actualizadas las listas, las fuentes y los criterios de screening para que su programa refleje la normativa vigente sin que usted tenga que perseguirla. Conversemos o revise nuestra guía completa de la Circular 62.

Etiquetas

Ley 19.913Oficial de CumplimientoMatriz de RiesgoUAFCompliance

¿Te fue útil este artículo? ¡Compártelo!