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La Quinta Ronda del GAFI no pregunta si hay manual, sino si funciona
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La Quinta Ronda del GAFI no pregunta si hay manual, sino si funciona

GAFILAT actualizó los procedimientos de la Quinta Ronda con foco en efectividad. Qué significa para Chile y por qué la evidencia sale de sus propios reportes.

6 min de lectura 27 de agosto de 2026
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"Por sus frutos los conoceréis."

Evangelio según San Mateo

Existe una diferencia antigua entre saber y saber hacer, entre la receta escrita con caligrafía impecable y el pan que efectivamente sale del horno. Los gremios medievales la conocían bien y por eso jamás admitieron a un maestro por lo que declaraba haber aprendido, sino por la obra que ponía sobre la mesa el día del examen. Esa misma distinción, después de siglos de recorrido, acaba de instalarse en el corazón del sistema internacional antilavado, y a Chile le corresponderá rendir su examen bajo las nuevas reglas.

El GAFILAT actualizó en julio de este año los procedimientos de la Quinta Ronda de Evaluaciones Mutuas para aplicar criterios más modernos y centrados en resultados, elevando de manera significativa el peso de la efectividad en las evaluaciones. Para el sujeto obligado chileno esto no es una noticia diplomática lejana, porque la vara con que se medirá al país deja de ser el papel y pasa a ser el resultado, y los resultados de un sistema nacional se fabrican con el trabajo de quienes lo componen.

Qué cambió en el examen

La Cuarta Ronda, aquella cuyo informe se aprobó en 2021 y cuyas recomendaciones Chile todavía trabaja, ya incorporaba la efectividad como dimensión. Lo que hace la Quinta es llevarla al centro del escenario y reorganizar todo alrededor suyo.

El ciclo de evaluación se acorta a seis años, considerablemente más breve que las rondas anteriores, que promediaban una década, de modo que los países serán examinados con más frecuencia y las brechas tendrán menos tiempo para acomodarse. La metodología enfatiza además los riesgos principales y el contexto particular de cada jurisdicción, concentrando el escrutinio en las áreas donde el peligro es mayor en lugar de repartirlo por igual sobre las cuarenta recomendaciones. Y aparece una separación que conviene subrayar, porque reordena el mapa de quién responde por qué, ya que el resultado inmediato tercero abarcará la supervisión y el cumplimiento de las entidades financieras y de los proveedores de servicios de activos virtuales, mientras que el cuarto se concentrará en las actividades y profesiones no financieras designadas, diferenciando así el sector real del financiero.

Entre las áreas prioritarias de la nueva ronda figuran la evaluación de riesgos, la transparencia y el beneficiario final, la supervisión basada en riesgo, la inteligencia financiera, la recuperación de activos y la cooperación internacional. Quien haya seguido las recomendaciones que el GAFILAT le dejó a Chile en 2021 reconocerá varias viejas conocidas en esa lista.

Por qué esto lo toca a usted

Podría pensarse que una evaluación mutua es un asunto de Estado, una conversación entre el país y un organismo internacional donde el sujeto obligado privado es espectador. Es una lectura comprensible y es equivocada, por una razón que vale la pena examinar con calma.

Cuando los evaluadores llegan a preguntar si el sistema nacional funciona, no revisan el sistema en abstracto. Piden estadísticas, expedientes, sanciones, investigaciones y decomisos, es decir evidencias verificables y no solamente normas aprobadas. Y esas estadísticas se construyen con materia prima que sale de las empresas. Los reportes de operaciones sospechosas que la UAF convierte en inteligencia financiera los redactan oficiales de cumplimiento en bancos, corredoras, automotoras y notarías. La calidad de la supervisión basada en riesgo se mide contra programas de prevención reales, con sus matrices y sus alertas. La transparencia del beneficiario final se demuestra con información que alguien tuvo que recolectar, verificar y mantener actualizada, cliente por cliente.

Dicho de otro modo, el examen del país se rinde con el trabajo cotidiano de miles de organizaciones. Un ROS presentado por cumplir la cuota, sin análisis detrás, engorda la estadística y empobrece la inteligencia, y en una ronda que mide resultados esa diferencia se nota. Cinco reportes bien fundados valen más que cincuenta reportes defensivos, aunque en la planilla anual los cincuenta se vean mejor.

Un cambio de énfasis que conviene anotar. La nueva metodología pone atención especial en los activos virtuales, la transparencia corporativa, las organizaciones sin fines de lucro y la recuperación de activos. Si su organización opera en alguno de esos frentes, es probable que su programa reciba más escrutinio que en rondas anteriores.

Prepararse desde el trabajo diario

Hay una frase que circula entre quienes acompañan estos procesos y que resume bien el asunto, según la cual la evaluación no empieza cuando llega el cuestionario sino con la capacidad operativa de todos los días. Es una verdad incómoda porque desplaza el esfuerzo desde el momento del examen hacia los años que lo preceden, que es justamente donde nadie mira.

Para una empresa chilena, prepararse significa revisar si su matriz de riesgos refleja su operación real o si es un documento heredado que se actualiza cambiándole la fecha. Significa preguntarse si las alertas que genera su sistema alguien las gestiona y documenta, o si se acumulan esperando que el volumen las vuelva invisibles. Significa comprobar si la información de beneficiario final de su cartera está viva o si envejeció en una carpeta desde el día en que el cliente firmó. Y significa entender que la trazabilidad, esa capacidad aburrida de mostrar quién consultó qué, cuándo y con qué resultado, es exactamente el tipo de evidencia que separa un sistema que funciona de uno que se declara funcionando.

Los maestros artesanos no admitían a nadie por su discurso, y el evangelista, siglos antes, había fijado el criterio con una economía que nadie ha superado. Por sus frutos los conoceréis. Chile pasará su próximo examen no por los manuales que exhiba sino por lo que sus instituciones y sus empresas puedan demostrar que hicieron, y esa demostración se está construyendo hoy, en cada expediente de debida diligencia que alguien completa bien o completa a medias.


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